A solo unos pasos del London Eye, Leake Street estalla en color. Este túnel, también conocido como el «Banksy Tunnel», es un lienzo urbano en constante transformación, donde el arte callejero se reinventa cada día.
La necesidad de expresarse en espacios públicos o compartidos —de mostrar inquietudes, denunciar injusticias, reivindicar derechos, declarar amor, odio o cualquier otro sentimiento humano— viene de lejos. Podría decirse, sin apartarse demasiado de la realidad, que nuestros primeros antepasados ya utilizaban esta forma de expresión artística a través de las pinturas rupestres, donde representaban escenas de la vida cotidiana, símbolos abstractos o labores agrícolas.

Me viene a la mente una escena de La vida de Brian en la que un legionario corrige las declinaciones latinas a un rebelde que ha escrito «Romanos, iros a casa». Más allá del humor, aquel gag refleja también un hecho histórico: la costumbre de dejar pensamientos, opiniones o incluso cotilleos grabados en muros era ya una práctica habitual en el Imperio romano.
El arte urbano —o street art— tal y como lo conocemos hoy, con sus múltiples expresiones como murales, mosaicos, land art, pegatinas y otras formas, comenzó a tomar forma en el París de los años 60. Con un propósito inicialmente reivindicativo, este movimiento fue evolucionando hacia una manifestación artística más amplia, en la que los creadores empezaron a ver los espacios urbanos como grandes lienzos donde expresarse y establecer un diálogo con la ciudadanía.

Su evolución continuó durante las décadas siguientes, pero fue en los años 2000 cuando el street art adquirió una dimensión global. Dejó atrás el anonimato —y en algunos casos, también la ilegalidad— para convertirse en un fenómeno mediático. Los medios de comunicación jugaron un papel clave en esta transformación, especialmente a raíz del impacto internacional de figuras como Banksy, que contribuyeron a consolidar el arte urbano como una forma legítima y poderosa de expresión cultural.

Recuerdo que, tras una larga caminata por Londres, me senté a descansar en un parque, justo al pie del London Eye. Mientras consultaba mi ubicación en Google Maps, algo llamó mi atención: un enlace y unas imágenes de un lugar cercano despertaron mi curiosidad. Se trataba de Leake Street, y estaba a apenas 500 metros de donde me encontraba. No lo dudé. Como siempre llevaba la cámara encima, decidí acercarme.

Leake Street, también conocida como el “Banksy Tunnel”, se abrió al público en 2008, cuando el propio Banksy organizó allí un evento que transformó por completo este pasadizo olvidado. Más de una treintena de artistas fueron invitados a intervenir el espacio, convirtiéndolo en una galería de arte improvisada. La única condición para participar: no tapar las obras de los demás.