… en tu balcón sus nidos a colgar. Así decía uno de los poemas más bonitos escritos en la lengua de Cervantes, obra del sevillano Gustavo Adolfo Bécquer. Aunque pensando bien en sus palabras, muchos ornitólogos están convencidos de que a las aves que en realidad se refería el poeta eran aviones comunes y no golondrinas.
Dejando estas curiosidades aparte, lo cierto es que esos versos barruntan la llegada de la primavera, y que ésta trae consigo una ingente cantidad de vida, bien porque los animales nacen, las flores brotan o porque se da uno de los mayores acontecimientos del mundo natural. La migración pre-nupcial de las aves.
Este movimiento, que se da en el primer tercio del año trae hasta las latitudes de la península ibérica decenas de especies que deciden pasar la estación de bonanza y el verano en nuestro país para criar, abandonando sus cuarteles de invernada durante una buena parte del ciclo natural de las estaciones.
Aquí compartimos algunos de sus más insignes integrantes.
Golondrinas, vencejos y aviones
Aunque puedan parecer prácticamente los mismos animales, este apartado hace referencia a criaturas de especies bien distintas. Por un lado las aves alfareras por antonomasia como son golondrinas y aviones (entre ellas hay varias especies que tienen comportamientos completamente diferenciados) y los vencejos, las saetas del aire, aves espectaculares que pasan toda su vida en el aire, a excepción de los momentos de cría, donde utilizan las oquedades de edificios (mayormente) para criar a su prole, llenando de alegres chillidos los cielos de la España meridional y buena parte de la meseta.
Aunque no todos los integrantes de estas familias migran. Los aviones roqueros (hell yeah! 🤘🎸) están descritos como especie residente en España a pesar de que sí que suelen realizar pequeñas migraciones altitudinales e incluso algunas poblaciones llegan a cruzar el Estrecho de Gibraltar hasta asentarse en el norte de África. Sin embargo sus desplazamientos no son tan amplios como los de sus parientes las golondrinas comunes (Hirundo rustica), que con su ligerísimo peso de penas 20gr pueden llegar a viajar 10.000km en dichas migraciones.
Como decimos, a pesar de que en vuelo pueden parecer similares a ojos neófitos son especies muy diferenciadas entre sí. De hecho los vencejos, que pueden volar hasta mil kilómetros en una sola jornada, nidifican de forma casi exclusiva en construcciones humanas. Por ejemplo en la Parte Antigua de Cáceres, donde existe una amplia colonia integrada en los invaluables edificios medievales de la Ciudad Patrimonio de la Humanidad.
Los de los bellos colores: Coraciiformes al habla
Con la canícula llegan, semanas después de los boomerangs del cielo, las pertenecientes al orden coraciforme, de las más bellas visitantes de nuestra península. Aquí encontramos el abejaruco europeo, la carraca europea y la abubilla común.
Los abejarucos
Denominados también los pájaros del arcoíris, los abejarucos (Merops apiaster) son aves de mediano tamaño que poseen una soberbia paleta de colores en su plumaje de estridente luminiscencia. Acróbatas del cielo, son característicos sus cantos «pi-pi-pruut» incesantes en sus exhibiciones aéreas. A pesar de que ostentan mala fama por su nombre, la dieta de estos animales no es estrictamente de abejas (recordemos que la abeja de la miel (Apis mellifera) es solo una de las miles de especies de ápidos.
Sin ir más lejos, los abejarucos son excelentes cazadores de odonatos, coleópteros, otros himenópteros e incluso pequeños reptiles, que ofrecen a sus parejas durante las épocas de cortejo que preceden a la incubación de su pollada. Se les denomina europeos, igual que a «nuestra» carraca (Coracias garrulus) porque nacen en el continente europeo a pesar de marchar después a África.

Las carracas
Estas azules y parlanchinas criaturas guardan un cierto paralelismo en los abejarucos. De hermosos tonos azulados que van de un cian intenso a un índigo casi añil y portentosa anatomía, hacen las delicias de cualquier observador avezado que sepa donde encontrar estas magníficas aves de tonos absolutos y precisos.
Tanto esta especie de carraca como de abejaruco, son las únicas dentro sus familias que migran hasta nuestro continente, ya que en países del África tropical y subsahariana se pueden ver parientes suyos como el abejaruco carmesí o la carraca de pecho lila que no acometen tamañas hazañas para perpetuar la especie. Por desgracia, debido a la pérdida de hábitat y a la intensificación agrícola, entre otras amenazas, «la carraca europea se está enfrentando a un riesgo muy alto de extinción en estado silvestre» según SEO Birdlife, encontrándose en peligro según el Libro Rojo de las Aves de España.

Las abubillas
Las últimas integrantes de este grupo de aves de ensueño son la abubillas. En concreto la abubilla común (Upupa epops) cuyo nombre científico es una onomatopeya casi perfecta del sonido que emite esta punki de nuestros campos. En Extremadura, tierra donde más las he podido observar, existe un buen número de ejemplares residentes (viven todo el año en estas latitudes), y es frecuente observarlas en invierno en las zonas dedicadas al cultivo y entornos rurales abiertos. Siendo, por el contrario, una especie de hábitos más estivales en el tercio norte.
De estroboscópico vuelo, la abubilla se caracteriza, además de por su estética cresta, por no limpiar los nidos de excrementos cuando están cebando a las crías, lo que conlleva que a estos animales se les conozca por el fuerte olor que desprenden. Esto obedece como parte de un mecanismo de defensa contra posibles depredadores.

Los habitantes del crepúsculo
No todos nuestros «veraneantes» son diurnos, también tenemos pequeños visitantes crepusculares o directamente nocturnos. Y digo pequeños porque el autillo europeo (Otus scops) es, con perdón del mochuelo chico (Glaucidium passerinum), la rapaz nocturna más pequeña de toda la Península Ibérica.
Con un mimetismo desafiante, se sirve de sus dos penachos cefálicos a modo de falsas orejas, para aumentar el desafío de vislumbrarlo entre la vegetación, gracias en gran parte a lo críptico de su plumaje y a que con esta estrategia rompe la redondez facial característica de los búhos.
A su llegada, en las templadas y cálidas noches de verano, se le oye silbar con una extraordinaria precisión rítmica, llegando a confundirse en ocasiones hasta con una alarma de seguridad. Personalmente, he llegado a oír en pleno casco urbano de Madrid una mezcla de cantos nocturnos entre los que destacan el del autillo y también el de otra ave fascinante como es el chotacabras (en este caso, el cuellirrojo) también visitante en el estío.

Bonus track: Las que por San Blas verás…
Un refrán que he oído desde pequeña era el de: «Por San Blas las cigüeñas verás», y es que la celebración de este santo, (el 3 de febrero), coincidía con la llegada de las primeras aves estivales desde el continente africano (y también con la despedida de las grullas que parten hacia el septentrión.
Las aves que llegan del continente madre retornan a sus lugares de cría, muchos por primera vez, guiados por su preciso instinto, sorteando varios miles de kilómetros, desafiando turbulencias aéreas, inclemencias meteorológicas, posibles tropelías humanas como redes, tiroteos, parany etc… para recalar donde vieron la luz por primera vez y contribuir, no sin un esfuerzo ingente y a veces poco gratificante, a perpetuar la vida a costa de arriesgar la suya propia.

Las cigüeñas blancas (Ciconia ciconia) se han acostumbrado a nuestros inviernos cada vez más suaves, sobre todo en el sur de la península, y a convertirse en aves que adoptan conductas oportunistas si así lo requiere la ocasión. Gran parte de la población ya no vuela hacia el sur cuando se acerca el otoño, sino que adorna los atardeceres del centro y sur de nuestro país con su inconfundible silueta y su alegre crotoreo.
Equilibrios en el filo de una aguja
Hace ya varios años (2007), cuando el vertedero de residuos sólidos urbanos de la Ciudad de Cáceres estaba a cielo abierto, se podían ver cientos de cigüeñas disputándose las sobras entre ingentes montones de basura, neumáticos y plásticos. Peleando por el espacio con otras especies como zorros, ratas, garcillas bueyeras…
Cuando esta planta de gestión de residuos se cerró, en la ciudad se sufrió una acusada disminución de estas y otras aves, y el consiguiente abandono de postes de nidificación etc… ha costado varios años recuperar la salud en las poblaciones de esta emblemática representante de Extremadura y de la que Malpartida de Cáceres es orgulloso pueblo europeo.

El próximo 10 de mayo se celebrará el Día Mundial de las Aves Migratorias, en una festividad que reunirá por toda España, islas y ciudades autónomas incluidas, a miles de aficionados y expertos en las aves, en unas jornadas que permitirán crear ciencia ciudadana a través de la observación de estos seres. Salir a la calle, incluso en la ciudad, puede aportar información muy valiosa sobre la salud de nuestros vecinos alados y te animamos a participar, es gratis y además… está reconocido por la ciencia que la observación de aves nos hace felices.
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